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2020: El año en el que envejecí un lustro

Vaya por delante que mi papel en la ecuación que pone en movimiento todo el universo musical es el de la incógnita más simple: el público. Simple no porque no sea necesario, sino porque no pongo en juego mi futuro profesional o económico dentro de un mundo que amo con locura. Es por eso que los lamentos que plasmo en este artículo no tienen nada que ver con esos de amigos promotores, managers o integrantes de grupos que realmente se están viendo ninguneados por un gobierno al que la cultura parece no importar en demasía. Todo mi apoyo, siempre.

Dicho esto, este 2020 ha cambiado muchas cosas de mi día a día. He sido capaz de adaptarme a las circunstancias como la mayoría de las y los que leéis estas lineas, pero hay algo que me está costando superar especialmente y que me come por dentro: la imposibilidad de ir a conciertos. Supongo que aquellos que no estén acostumbrados a vivir la música en directo de manera periódica, podrán tacharnos de banales e incluso de locos por quejarnos de esto con la que está cayendo, pero sé que vosotras y vosotros me entendéis.

Sala TrashCan

Ir a un concierto no es simplemente ver a un grupo tocar en directo. Es mucho más. Es comprar las entradas con ilusión, es escuchar los discos del grupo en cuestión los días previos a la cita, es tener una motivación extra para el día a día. También es quedar con tus colegas, tomarte unas cervezas recordando anécdotas antes del concierto, y es encontrarte con amigos con los que solo coincides en conciertos. Es saltar, cantar, sudar y disfrutar.

Es por eso que este año he cumplido cinco años de golpe celebrando (en cuarentena) un solo cumpleaños. Este maldito año solo he asistido a un concierto. Llevo once meses sin hacerlo, algo que jamás ha ocurrido en mi vida desde mis diecisiete años de edad. Y eso se está llevando una parte de esa juventud permanente que me dan los conciertos. Siento como si hubiera quemado una etapa de mi vida que jamás tengo pensado quemar, y encima de manera «obligada». Siento que todo es más aburrido y que no hay posibilidad de escapar de la realidad. Que no hay opción de abstraerse al ritmo de una batería endiablada o de una guitarra acelerada.

Sala Gruta 77

Y es entonces, cuando más de bajón me siento, cuando recuerdo que esto es solo una pesadilla temporal. Que no ha sido una decisión personal, y que pronto todo volverá a ser como debe. Y entonces volveré a quedar con mis amigos, a coincidir con muchos de vosotros de nuevo, y a vivir la grandeza de los directos. Y lo haré no como hasta antes de este parón silencioso, sino como cuando comenzaba a ir a conciertos con la energía de estar en las primeras filas y darlo todo. Y me quedaré afónico, y tendré golpes en la espalda, codos y espaldas. Y lo disfrutaré.

Dicen que para apreciar algo tienes que perderlo. Yo nunca dejé de apreciar lo que se siente en un concierto (por muchos que llevara a mis espaldas), pero es cierto que este parón no ha hecho más que confirmarme que es algo que seguiré haciendo toda mi vida, porque lo necesito y porque me hace sentir vivo. Ánimo ya nos queda menos, volveremos.

Sala Wurlitzer
Sala Wurlitzer

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Desde CFFG Punk queremos apoyar a todas las salas, agencias, promotores y grupos que están pasando por estos duros momentos. Pronto todo volverá a la normalidad y volveremos a disfrutar de esa ecuación perfecta que nos da lo que más amamos: la música en directo.

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