Linoleum

Todo empezó un día del 97 cuando un amigo me dejó un disco de Nofx con una portada horrible y un título contundente: Punk In Drublic. Llegué a casa di al play y mi vida cambió – “My closest friend Linoleum”. Desde entonces me he dedicado a asistir a todos los conciertos habidos y por haber, no solo en Madrid, Barcelona o Bergara, también en casi cualquier parte del mundo. Consumo música de manera enfermiza, adicto a los vinilos casi tanto como a Bad Religion, impulsivo y auténtico. Hace tres años una de mis locuras (fundar un humilde blog llamado CallMeFatFuckGeriatricPunk) comenzó a andar y este es su más reciente presente. Lagwagon, No Use For A Name, Pennywise, Millencolin, los ya citados y mil grupos más, forman mi espina dorsal. Profesor de Inglés. Ya solo puedo decir “So long and thanks for all the shoes …”

Diegocentrico

Creo que el primer concierto que vi fue el de Los Manolos. Recuerdo a 5 o 6 hombres con sus trajes horteras mientras mi padre me sostenía en brazos. El siguiente dato reseñable es que me vine a vivir a Madrid, con 5 años aproximadamente. El primer día de clase mis padres me pusieron una camisa rosa. Craso error. Desde ese momento supe que aunque por fuera pareciera igual que el resto, por dentro no lo era.
Cicatriz, RIP o Eskorbuto son parte de mi agonía constante. Nunca les veré. Han muerto casi todos. Así que busqué mi hueco entre gente que no muriera por sobredosis. Encontré a Fugazi o Minor Threat, pero como siempre, llegué tarde. Intenté fundar mi propia banda de punk, pero también murió de sobredosis. Sigo anclado en los 80 y los 90, y no me avergüenza decir que me encantan Leño o Los Suaves. En el futuro grabaré un disco en solitario.

 

JULES

Mucho ha llovido ya desde mis prematuros pogos durante aquellos primeros meses de 1993. Mi madre los llamaba ‘pataditas’, aun no sabía la revolución que se estaba gestando en su interior. Poco después llegó mi primer aliento mientras, en algún lugar del mundo se escuchaban discos como “How to clean everything?”, “Recipe for hate” o “In utero”, indispensables en mi existencia. Recuerdo mi infancia musical muy heterogénea en cuanto a estilos. Haciendo una panorámica de mi pasado, me sorprendo escuchando desde flamenco hasta el metal más bestia, pasando por el clásico blues e incluso por el pop comercial más rancio. El tiempo me llevó a enraizarme más en estilos cercanos al hardcore y al punk, aunque sin cerrar puertas a cualquier tipo de sonido que sea sincero y extraído de las vísceras.

Me resulta realmente complicado decir no a un concierto. Salvo que sea de Rosendo.

Puch

Aquí la (primera y no última, espero) dosis de estrógenos de este blog. Desde que cumplí la edad suficiente para mostrar sin miedo el DNI y asegurarme la entrada a todas las salas de Madrid que lo exigían mi vida ha sido una ruina; una deliciosa y gratificante ruina que me recuerda cada semana  que la mejor/peor idea que he tenido nunca fue acercarme al hardcore (primero) y al punk (siempre). Si me preguntan por las dos bandas que mejor infectan lo que me gusta diría Black Flag y Black Sabbath (todo al negro). De ahí pasamos a todos sus hijos, sobrinos, nietos y hermanos, conocidos en la familia como screamo, stoner, emo, post-punk, math,…incluso algún coqueteo con el típico primo que sólo ves en las bodas y que el resto llaman metal.

Esa odiosa chica que nunca puede ir a tus cenas y cumpleaños porque tiene un concierto; aquélla que te saca de quicio porque no tiene unos zapatos decentes con los que ir a tu fiesta; la tipa que te dice que escucha punk por no complicarse la vida descongelando el otro 97% del iceberg de gustos musicales que flota en su cabeza. HOLA.

Alex Reznik

Mi padre me cuenta todavía como, aún incapaz de andar por mi corta edad, me ponía de píe en el parque de corcho del salón para ver las películas que me ponían. Desde muy pequeña la caja tonta me ha fascinado. Cuando tenía 5 o 6 años vi El silencio de los Corderos por error. Al año siguiente me pasó algo parecido y acabé viendo La Naranja Mecánica. Todo fue diferente desde entonces. Ese mismo año entré en el conservatorio y tras diez años de violoncello y coquetear con algunas otras disciplinas, abandoné mis estudios para venirme a Madrid a estudiar lo que el destino había impuesto de forma inequívoca, cine. Esto me dio la oportunidad de conseguir dos de mis sueños; estudiar el séptimo arte y entrar en un grupo. La música siempre ha formado parte de mi vida adoptando distintas formas, siempre creciente y mutante, un monstruo que se retuerce con cada bocado que alimenta mis oídos. Monstruo que no pretendo dejar que pase hambre.

Sergio Hernández

Soy adicto a muchas cosas pero tan solo una ha cambiado mi vida de una forma impensable, la música. Cuando me regalaron una guitarra a la edad de diez años no sabía cuánto comenzaría a cambiar mi modo de ver el mundo. Tres años más tarde llegó a mis manos “The Decline” de Nofx y entonces sí que se lió una buena. Mi perdición es el hardcore melódico y el punk en cualquiera de sus variantes y es por ello que me paso los meses en Valencia intentando montar todos los bolos que puedo. Soy daltónico desde que nací, o eso me dijeron, y por eso no conozco medias tintas o puntos medios. O blanco o negro pero siempre con el rojo entre ambos.

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