Bad Religion – Stranger than Fiction (25 aniversario)

Corría el año 97. Yo había descubierto Bad Religion apenas un verano antes escuchando “I Want to Conquer the World”, y estaba como loco por conseguir todo lo que pudiera de la que por aquel entonces se había convertido en mi banda favorita (esa que veintidós años después sigue siéndolo). Viajaba por primera vez a Estados Unidos y en mi maleta de ida había un hueco reservado para todos los discos que encontrara de mi nueva inspiración musical. Una vez en Nueva York, me adentré en el Virgin Megastore y arrasé con todo lo que no tenía de Bad Religion. Entre esos discos estaba Stranger Than Fiction.

El octavo álbum de estudio de Bad Religion (que fue publicado un 6 de septiembre de 1994) consta de diecisiete cortes que dibujan una sociedad tan gris como una de las pocas portadas que se ha visto superada por su alterego. Y es que, a veces se cumple eso de que los últimos serán los primeros. Hablando de los primeros, “Incomplete” es el tema encargado de abrir el disco con su desgarrador (y mítico) “Mother, Father …”. A este le sigue la inmensa “Leave mine to Me” uno de los primeros temazos que, a veces, pasan de puntilla a la hora de reseñar este disco, y es que competir con la popularidad de “Stranger Than Fiction”, “Infected” o la regrabada “21st Century (Digital Boy)” es complicado.

Sin embargo, este trabajo esta repleto de actores secundarios maravillosos. El mayor ejemplo está presente en los ochos minutos que van desde “Tiny Voices”, pasando por “The Handshake” y acabando en “Better off Dead”. Estas tres canciones son, posiblemente, el pico más alto de todo el disco. La primera viene como anillo al dedo para usar esos coros que sólo Bad Religion saben hacer. La segunda trata la hipocresía mundial, reflejándola en un acto tan simple como el apretón de manos, y la última es (nunca mejor dicho) celestial. La idiotez del ser humano capaz de quejarse por todo da pie a una de las canciones que más aprecio de la banda, tanto musical como líricamente. Esencial.

En su afán por analizar la verdadera sociedad americana, el grupo describe la alienación que hace que el carácter propio del ser humano pase a estar en peligro de extinción en “Individual”, llegando a renunciar a su raciocinio interno (“Inner Logic”), critíca de manera sarcástica uno de los mayores elementos utilizado por el poder para llegar a ese fin en “Television” o culpa a la educación recibida en el seno del hogar de los resultados de una juventud materialista y vacía en “21st Century (Digital Boy)”. Como dije anteriormente, el título y el color de la portada del disco no es casualidad.

Sin embargo, existe una canción que intenta arrojar algo de luz a tanta oscuridad: “Slumber”. Recuerdo que fue la primera canción lenta que escuché de Bad Religion y eso me chocó, aunque con el tiempo comprendí el porqué de su ritmo. “Slumber” busca poner paz en una situación alterada y angustiosa dejando claro que todo llega a su fin.

Tras esa pausa, y llegando al fin de este trabajo, el grupo vuelve a pisar el acelerador para regalarnos temas de tupatutupa como “Marked”, y los dos bonus tracks exclusivos de la versión europea “News from the Front”, un tema que trata sobre el problema del Sida enmascarándose bajo una temática bélica, y “Markovian Process” criticando nuestra falta de memoria hacia los errores cometidos con anterioridad, los cuales nos traerán las mismas consecuencias como resultado de una cadena lógica.

Stranger than Fiction tuvo la suerte (o la desgracia) de coincidir con otros discos que reventaron el panorama musical mundial, haciendo que el punk rock entrara a empujones y sin preguntar en la mayoría de listas musicales importantes. Bad Religion no se libró de ese boom y fichó por la multinacional Atlantis, sorprendiendo a todos aquellos que conocían de sobra el grupo por aquel entonces.

Quizás no sea el disco que más ruido hizo en un convulso (para bien) año 94 que cambió la historia de un género para siempre, pero no debemos olvidar quién llevaba ya años sosteniendo la puerta para esos que entraron de golpe. Nunca.

 

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