La la land. La ciudad de las estrellas (guapas).

La ciudad de las estrellas es el título que le hemos dado en España a “La La Land”, el tercer largometraje (segundo musical) de Damien Chazelle nominada nada más y nada menos que a 14 Oscars (el récord). La La Land es un musical que cuenta la historia de dos guapos que quieren triunfar en Los Ángeles, Mía (Emma Stone) como actriz y Sebástian (Ryan Gosling) como pianista de Jazz.

 Cuando me decidí a ver esta película en el cine (no puedo ir al cine a menudo) me atrajo principalmente Damien Chazelle, su director. Ya escribí aquí mis impresiones de Whiplash, su ópera prima, y fue básicamente el impactó que causó en mi esta película lo que me impulsó a ignorar lo de “musical” y darle una oportunidad. Además, 14 nominaciones a los Oscars, wow, toda esa gente no puede estar equivocada. Pues desde mi punto de vista La La Land me dejó más fría que estar en la comunión de Pingu.

El primer número musical está bien, hay guapos, hay feos, hay gordas y gordos, viejos, y jóvenes. Vaya, hay una amalgama de gente bailando que podría ser una muestra de cualquier ciudad real (no de las estrellas) que baila junta cantando no se qué de perseguir tus sueños o algo así, si no recuerdo mal. El caso es que en mi cerebro al menos, el mensaje que me llegó fue “bueno si, es un musical, ya per sé la primera canción es una pura canción a lo Broadway total, pero oye, se han currado un plano secuencia bastante guapo y a lo mejor no va a ser EL TÍPICO musical”. Y no estaba del todo equivocada pero desde luego, tampoco acerté del todo.

Este primer número musical sirve para situar a ambos protagonistas en un mismo espacio-tiempo, a partir de lo cual he de confesar que me gustó la idea de enganchar con un personaje, presentarlo, y volver más tarde a ese primer punto de nuevo y presentarnos al otro personaje, cada uno por su lado. Chazelle nos muestra los dos caminos que toman los protagonistas a partir de ese primer encuentro, pero no de manera alterna, como seria mas habitual en una película actual, si no primero uno y luego el otro sin mezclarlos, como si fuera una obra de teatro y la rigidez del cambio de escenario hiciera mas fácil una narrativa lineal.

Luego los protagonistas se conocen y ambos son peculiares y ácidos y atractivos y todas esas cosas y para mí la película va perdiendo fuelle (si bien es cierto que tiene momentos divertidos). He leído bastantes críticas y las que se salen de “OH , LA LA LAND ES GENIAL, QUE LE DEN TODOS LOS OSCARS” destacan que la película es más oscura de lo que parece y que dibuja una persecución del éxito que destruye a los protagonistas. Y no digo que no, pero para mí no es tanto eso como que es una calcomanía de los clásicos musicales de Hollywood, levemente revisados para acabar con un final agridulce. Punto.

Los protagonistas se enamoran de la imagen que tienen el uno del otro injustificadamente, utiliza un tiempo indeterminado en el que él es como un tío anclado en el pasado, y ella viste como una señora antigua, pero ambos tienen móviles de última generación. La casa que ella comparte con sus tres amigas di-vi-nas es el piso compartido mas chic que han visto mis ojos, y todas se ponen de acuerdo para vestirse como los niños del parchís e ir a fiestas super cools en las que nunca hay nadie feo (en esa jodida ciudad no hay una sola persona que no sea atractiva) y nadie viste de negro. Al final él es un capullo y culpa a ella de sus decisiones y cada uno acaba por su lado. No se cuantos años después ambos han cumplido sus sueños pero ninguno es del todo feliz porque no están juntos.

Putos musicales.

PD: Lo mejor de la película, J.K. Simmons.

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