Mapache – II

Rock. Rabia. Melodía. Con estas tres premisas podríamos resumir a la perfección la aventura musical del cuarteto madrileño Mapache, pero nos quedaría una crítica corta y austera, además de copiada de lo que ellos mismos usan para autodefinirse.

Este Mapache no merece austeridad en palabras, ya que no vive en la ciudad para buscar restos entre la basura. Este mamífero pega bocados que dejan marca y, aunque use antifaz, no se esconde… por el contrario, saca todo lo más visceral de su interior cuando tiene que defenderse. Con mucha simpatía y una forma muy particular de caminar entre la fauna local, se ha ganado el corazón de mucha gente, y ahora cruza los tejados de la urbe con la chulería de un gato que guarda cinco zarpazos para quien sea capaz de resistirse a sus encantos.

En lo humanamente musical, el segundo EP del cuarteto madrileño es un punto y seguido a su debut. Doce minutos con un sonido más depurado, pero que mantiene sus cartas de presentación boca arriba: letras instrospectivas, melodías trabajadas, guitarras juguetonas y una sección rítmica original, con sus cambios atrevidos y sus líneas de bajo concienzudamente encajadas.

“Figurante”, tiene ese ritmo atropellado que ni el mismo Aitor Goikoetxea podría haber encajado mejor, y ese solo de guitarra sencillo pero efectivo que enriquece más que el Avecrem en las lentejas. Mapache es una banda de “Instantes”, una de esas bandas de culos inquietos que ha decidido de cortar de raíz con la idea de mantener un ritmo más de 16 compases, y lo plasman en menos de 2 minutos haciendo hincapié en lo efímero de la vida frente a la ceguera de poder. El tiempo es una variable de mucha importancia en esta banda, y el que nos ha tocado vivir viaja a “La deriva” de nuestro río. Y la corriente busca llegar a un mar menos contaminado.

Las colaboraciones llegan al cuarto arañazo, el más profundo y sangriento, “Iteración”, en el que Nacho Roca (Desidia, Verano, Nogato…) y Sara Uve (Pelícana, Árida…) prestan su voz al torbellino de locura que genera cada acorde. Cierra la contienda “Otro yo”, un alegato contra el rebaño, una defensa del trabajo diario por construir un pensamiento propio, envuelto en un sonido noventero con unos lazos decorativos perfectos.

A pesar del blanco y negro que caracteriza a Mapache, su música se viste de un montón de colores originales, gobernados por el verde esperanza de quienes buscan un hueco cada vez más complicado en la escala de grises que decora el planeta.

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