Eat Lipstick + Victorious Secrets @Wild at heart (Berlín)

Tuve la suerte de poder pasar los últimos días del pasado año y los primeros del presente fuera de España, en Berlín concretamente. Y tuve aún más suerte porque, a pesar de ser la capital del Techno (aunque no me imaginaba hasta qué punto hasta que llegué allí) pude presenciar algunos conciertos en las salas más míticas de la ciudad.

El 29 de Diciembre de 2017 fue el primer día que fiché en mi agenda bastante antes de llegar. Eat Lipstick, nativos de Berlín tocaban en el Wild at Heart, conocidísima sala del barrio de Kreuzberg. Yo ya conocía a Eat Lipstick porque ellxs, Lucky Malice y Genderlexx (grupo Queerpunk referente de Madrid) habían compartido escenario el año pasado fuera de nuestras fronteras, y estas últimas me habían animado fervorosamente a que no me lo perdiera.

Y menos mal que la sala estaba justo debajo de donde estuve durmiendo, porque no hubo posibilidad de que me perdiera por el camino.

Eat lipstick compartían escenario esa noche con Victorious Secrets. Los segundos proyectaban una extraña mezcla de actitudes. En la parte frontal podríamos decir que teníamos a punks de la vieja escuela; estáticos con maquillaje corrido y mal puesto (evidentemente a propósito), mas quietos que un gato de escayola y mirando a un punto fijo. Que no tiene nada de malo, lo curioso era el contraste con la parte posterior del escenario, en el que no uno, sino dos percusionistas llevaban el ritmo de los temas.

Vestidos a conjunto con unas mallas de ¿lentejuelas? Colaboraban uno con el otro entre risas y caras a lo Jack Black en Tenacious D. Primero, uno en la batería y el otro de pie tocando solo dos toms (y lo que pillaba de los platos de la batería). Luego se cambiaban y el que estaba sentado sacaba un cencerro que luego tiraba con la misma rapidez con la que lo había cogido. Un currazo de coreografía que añadía un plus a un espectáculo que quizá si no fuera por ello, no haría de la actuación del grupo algo tan memorable. Vaya, que las canciones tenían un rollazo que me encantó, tipo trasnochado, pero estoy segura que no me habría gustado ni la mitad sino es por esos dos típos en mallas dejándose la piel y disfrutando.

The Shredder de Eat Lipstick. Crédito: Sebastian Kroll.

Y por fin llegamos al plato fuerte de la noche. Mis expectativas están por las nubes cuando veo a los Eat Lipstick ocupar sus puestos en el escenario. Los describo como en su biografía, Tom Petersen “drum and latex”, Citizen Pain “Bass and Breaking balls”, The Shredder “guitar and rituals” y la incomparable Anita Drinkvox and fashion”.

Creedme si os digo que estos pseudónimos ni se acercan a la categoría del espectáculo y la calidad musical que ofrecen.

Anita empezó con un acapella que me dejó con la boca abierta. Al más puro estilo Whitney Houston hizo gala de una voz limpia, clara y potente y dejó claro que es una herramienta que maneja a la perfección. Y entonces empezó Eat Lipstick. GlamRock, Queerpunk, llamadlo como queráis pero cada tema era un cañón musical aderezado por una actuación de frontwoman impecable por parte de Anita, cuyo papel no abandona ni un minuto, y los coros de Citizen Pain que no hacen mas que ser la guinda de un pastel ya cojonudo. Potentes, directos, equilibrados entre la simpleza y la composición cuidada al milímetro. Buenos músicos por separados y un huracán juntos.

Eat Lipstick. Crédito: Sebastian Kroll.

Corrí a comprarme el vinilo al terminar (cuando recuperé el habla) y solo quedaba el último, el que yo me llevé. Lo he puesto ya varias veces en casa y me hace acordarme de esa noche en el Wild at heart de Berlín, aunque por desgracia no consigue contener ni por asomo lo que esta gente ofrece en directo.

Si alguna vez tenéis la oportunidad de verles, no se os ocurra dudarlo.

La birra alemana después de este concierto me supo aún mejor.

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