Pennywise – Never Gonna Die

Nunca van a morir. No, si siguen con esta actitud y sacando discos como este último. Pennywise ha dado un golpe en la mesa del punk rock y ha dejado claro que, tras idas y venidas, tras caras B  y reediciones, había fuerza para sacar un nuevo álbum de estudio y dejarnos a todos con la boca abierta. Never Gonna Die tiene todo, y subrayo todo. Tiene lo que  los fieles seguidores de la banda quieren (y esperan) encontrar en un disco de Pennywise, y también todos los ingredientes necesarios para captar nuevos fieles que a buen seguro viajaran en el tiempo para escuchar los orígenes de los de Hermosa Beach.

Este disco parece todo un homenaje y un repaso a la extensa carrera del grupo en tanto en cuanto a la forma, el contenido y el sonido del mismo. Empezaré por la portada y ese bendita vuelta al color azul. Ese azul y negro que nos traslada a 1991 y a un disco homónimo que, aún a día de hoy, sigue siendo uno de los pilares sagrados de la música que escuchamos. Fuera el verde … Pennywise siempre ha sido sinónimo de azul. De azul y de skatepunk acelerado y directo, como bien plasma otra de sus portadas más míticas: de frente y a toda leche. El sonido es otra de las buenas noticias de este disco . Y es que hay un gran porcentaje de temas que recuerda a aquel que el grupo consiguió allá por el 99 en su disco Straight Ahead. Temas como por ejemplo “She Said” (la “Alien” del siglo XXI) o “Live While You Can”, corte que musicalmente nos traslada a ese álbum pero que conceptualmente es más del About Time (1995), fundamentan mi opinión de que todo en este álbum está bien hilado.

Pero las referencias siguen fluyendo a lo largo de este disco. Si sois de un sonido más “característico” del grupo, tipo Full Circle (1997), gozaréis con el primer corte “Never Gonna Die”, con “Can´t Save You Now” o con la gran “Listen”, uno de los temas más potentes del disco, y que además recupera esos coros multitudinarios que tan a “Bro Hymn” saben. Prácticamente todas las etapas del grupo están representadas a lo largo de los catorce cortes de este álbum, incluso aquel periodo donde Jim Lindberg se ausentó y fue substituido por Zoli Teglas (Ignite). “Won’t Give Up The Fight” recupera el ritmo, el sonido e incluso la temática predominante en All or Nothing (2012). El viaje a lo largo del tiempo continua y la buena noticia es que se puede hacer en skate y de adelante hacia atrás.

Mención a parte merece una de las canciones más sentidas del grupo en los últimos años: “Can’t be Ignored”, con su parte acústica de la mitad del tema, con esos coros celestiales y esos cambios de ritmo con un final que no deja indiferente, hacen de este corte uno de mis favoritos. Precioso. Y también “A Little Hope” donde Jim saca una rabia que hacía tiempo que no mostraba con un ritmo a caballo entre medio tiempo y headbang. Potente, (¿también os recuerda a NoFX a vosotros?).

Conclusión: Pennywise se ha marcado  un discazo que de momento se pone en primera posición dentro de mi top 5 del año pero … todo esto me deja un sabor agridulce y una conclusión personal que quiero compartir con vosotros. Tras la segunda escucha del disco, y después de escribir esta reseña, me ha venido a la boca un gran sabor a despedida. Su título Never Gonna Die, su repaso sonoro a todo lo que el grupo ha sido y es, y la perfección del disco en general, me hacen temer que esta sea la salida por la puerta grande del grupo. Espero ser el primero en equivocarme, pero habrá que estar muy atentos a la progresión del grupo y, sobre todo, a la manera de afrontar sus próximas giras. Eso será un indicativo fidedigno. Sea como fuere, ahora toca disfrutar de uno de los discos del año y celebrar que Pennywise están de vuelta y en mayúsculas. Nunca van a morir.

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