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F.O.D. – Sleepville

COLABORACIÓN DE JAVI GUILLÉN

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Os habrá pasado alguna vez, seguro, que un grupo al que no habías prestado demasiada atención saca un nuevo disco que, sin esperarlo, te sorprende y te engancha desde la primera escucha, irremediablemente y por la circunstancia que sea. Y es que hay álbums capaces de alinearse contigo en espacio y tiempo. Simplemente llegan en el momento adecuado, quizás por estar receptivo o necesitado en ese momento, quizás porque se presentan como una celebración a la vida, como una expresión alegre de gratitud por seguir vivo, y esto es algo que siempre engancha.

Es justo de este modo, en estos tiempos inciertos que nos ha tocado vivir, como F.O.D. se ha presentado para mi. Para alegrarme la soledad de la cuarentena, para darme un punto de confianza necesario para seguir luchando por lo que quiero, cueste lo que cueste, tarde lo que tarde (siempre y cuando el fin del mundo nos lo permita) y para recordarme que no estoy tan solo y que todos pasamos por situaciones parecidas, buenas y malas, y miles de emociones con las que lidiar, de las que aprendemos y con las que crecemos. Y, entonces, cuando este mensaje reconfortante llega a través de las composiciones de un grupo de músicos que practica el género musical que tanto amas y emociona es cuando te levantas del sillón puño en alto, feliz y orgulloso, y gritas aquello de “Punkrock saved my life!”.

Se puede decir que este disco es poco convencional dentro de los estándares del punk, si es que dejamos que el punk se rija por estándares. Como ellos mismos anuncian en su página de Bandcamp, Sleepville es un nuevo disco de story telling que te llevará a un viaje en el tiempo por el imaginario de la pequeña y tranquila Sleepville y sus habitantes. Y es que a estos chicos belgas les encanta contar historias y construir armonías vocales y grandes melodías apoyándose en estructuras más propias de los musicales que de la sencillez del punk. Por tanto, dentro de la propia evolución de la banda, se trata de un nuevo paso adelante en su discografía donde desafían los límites del género e introducen con éxito un sinfín de detalles y arreglos orquestales, así como partes más progresivas que disparan nuestra imaginación. Al parecer el disco en formato vinilo incluye un libro ilustrado con la historia de Sleepville y su escasa tirada, una primera edición de 100 copias, hace que se convierta en un objeto de deseo más que interesante.

Con un total de 14 canciones conectadas entre si, el concepto principal del disco repasa cómo es crecer en un pequeño pueblo donde pasan pocas cosas, donde todo parece establecido, y de cuya rutina nace un sentimiento de querer salir y ver más allá, de reafirmarse en lo aprendido para salir de esta vida aburrida y arriesgar. El sentimiento humano de insatisfacción que nos lleva a pensar que aquello que buscamos está fuera de nuestro alcance pero que, al mismo tiempo, hemos estado preparándonos toda la vida y podemos alcanzarlo, por muy lejos que esté, confiando en nosotros mismos con valentía y constancia. 

Y en esto nos sitúa el disco en sus primeros cortes con “Sleepville Guaranteed”, “Days of Future Passed”, la inmensa “Fall In Line” con su linea alternativa de guitarra estilo country al más puro estilo Bad Religion, y la cuarta, “Riverview”, donde empiezan a jugar con las estructuras, y cuyas arrancadas y melodías vocales me recuerdan mucho a mis queridos Undeclinable Ambuscade del Sound City Burning. Y si el disco ya empieza fuerte, a partir de aquí viene lo mejor. Y es que F.O.D. nos regala un álbum donde no sobra ninguna canción, donde cada una tiene su razón de ser. “Feeling Gay” nos da pausa, con el ukelele, ipso facto nos inunda de alegría y optimismo, nos invita a saltar y a surfear sus melodías, a dejarnos llevar por la energía transmisora de la música más allá de géneros y condición. Y nunca mejor dicho, porque es uno de los temazos de Sleepville. Perfectamente enlazada continúa “Wrong”, una de mis favoritas del disco con mucho aire, de nuevo, a Undeclinable o, incluso, a Atlas Losing Grip en su mensaje. “I could not have been wrong everyday” como grito a la confianza de que al final todo se consigue si seguimos persistiendo, que aunque a veces procrastinemos hemos de confiar en que tan mal no lo estaremos haciendo y que todo llegará.

Sin darnos cuenta pasamos de “Food For Thought” a “On An Island” como si se tratara de la misma canción, siendo ésta última un temón con una letra que ya me gustaría a mi (I’d like to clear my mind sometimes, so I built a little shelter for a small amount of downtime). Hemos completado los dos primeros actos de esta obra y continuamos con “Annie”, donde el combo despliega todos sus recursos y saber hacer. Seguramente sea el corte que define al grupo en este disco por su teatralidad, cambios de ritmo y estructura, armonías y melodías super pegadizas en sus puentes y estribillos, en una mezcla de géneros con toques de musical de Disney o el power pop de sus vecinos The Travoltas, sobretodo en su enlace con la progresiva “Stranger In Town”, donde se dan un gustazo como banda para darnos un respiro. Pero menudo chorreo llevan ya, a todo esto, parece que jueguen a ser los Beatles o los Beach Boys, por momentos, y a mi que me flipa! Seguidamente nos encontramos con otro gran tema, “Changes Rise”, con gran influencia de los maestros Bad Religion (esos coros son inconfundibles y aquí F.O.D. lo clavan), que alienta a seguir dando pasos hacia delante para poder dar los siguientes y así propiciar el cambio que te lleve a estar más cerca de tu propia vida. Y es que tu vida no se acaba a los treinta, como dicen en “Thirtysomething And Counting”, pues es cuando nos toca reafirmarnos en quiénes somos, aceptarnos y revelarnos ante nuestra tendencia a aislarnos en una cuarentena (ejem, ejem) muchas veces auto-impuesta.

Como quien no quiere la cosa llegamos ya al último acto y final de esta gran representación. “Coda” es una tonadilla acústica medieval que habla de hacer el camino en compañía y, a su vez, sirve de introducción al último corte del disco, “Main Street”, donde volvemos a corretear por las imaginarias calles de Sleepville en una gran cabalgata de celebración. Si bien nuestro protagonista participa, también sabe que no es allí donde quiere seguir su vida, que su sentimiento de decepción en Sleepville estará siempre presente. Y es así como concluye la función, de forma épica y orquestal, recordando su discurso, reafirmándose en su plan y determinación, pues es hora, y no nos queda otra, que seguir hacia delante.

En estos días inciertos de reflexión toca dar las gracias, y yo doy gracias a la música por seguir sosteniéndome y emocionándome. Porque gracias a la música, y en especial al punkrock, sigo teniendo esperanza en la humanidad y confianza en mis propias posibilidades. Discos como este nos reenganchan con lo mejor de nuestro pasado y dan luz a nuestro oscuro presente para que (todos juntos, ojalá) construyamos un futuro mejor, más justo y equitativo, más responsable con nuestro entorno y con la naturaleza. No olvidemos, de todos modos, guardarnos unas cuantas píldoras de irresponsabilidad para alegrarnos el espíritu, siempre ávido de libertad y felicidad.

Joder, que ganas tengo de volver a darlo todo y sudar la camiseta en el pit, ¡esperemos poder hacerlo en mayo junto a los maestros! En fin, todo llegará…hasta entonces, deseemos, de nuevo, larga vida al punk rock y… ¡qué la fuerza nos acompañe!.

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