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System of a Down – Toxicity (20 aniversario)

Quizás pocas y pocos de los que visitáis este blog con asiduidad os esperabais que este disco apareciera en nuestra sección de discos básicos pero, ¿por qué no?. Toxicity es una de las grandes obras maestras del período musical que nos ha tocado vivir, y el pasado sábado cumplió veinte años. Es por eso (y porque me apetece) que este tributo es algo obligatorio.

Yo tuve la suerte de descubrir a System of a Down con la canción «Spiders», un tema que me mostró la versión más «calmada» del grupo y que me llevó, poco tiempo después, a «Sugar» tema que me certificó que estaba ante un grupo totalmente inclasificable. Eso en un momento en el que mi ansia por descubrir grupos era voraz, fue impagable.

Es por eso que estuve atento al lanzamiento de Toxicity, tal vez no con el ansia con el que esperaba lanzamientos de punk rock, pero con la curiosidad de ver hacia dónde tiraba el grupo. Obviamente jamás esperé algo como en lo que se ha convertido este disco. Hablar de temas como «Chop Suey», «Toxicity» o «Aerials» es simplemente hablar de pilares musicales de la historia moderna de la música.

El comienzo del disco con «Prision Song» es un claro ejemplo de la amalgama de posibilidades de las que dispone el grupo; melodías, voces suaves, locura y sonidos guturales. Todo en tres minutos y pico. A partir de ahí, este disco es un viaje en montaña rusa por los sonidos más alternativos y explosivos. Desde el estribillo medianamente punk de «Needles», hasta el tributo al mandato ecológico en el que Charles Manson describía la simbiosis entre aire, árboles, agua y animales de «ATWA», pasando por la poderosa «Shimmy» o la increíble parte final de «Deer Dance» donde aún se me pone la piel de gallina.

Realmente Toxicity no es un disco, es «el disco». Es parte de la banda sonora de mi juventud. Es aquel concierto de marzo de 2002 en Coimbra donde, delante de solo tres mil personas, asistí a uno de los mejores conciertos en los que he estado jamás. También es esas noches en el Pipers de Salamanca donde mareaba al Dj hasta que ponía «Chop Suey» o «Toxicity» y saltábamos como si no hubiera mañana. Es algo que se ha mantenido vivo durante estos veinte años y que creo que nunca se desvanecerá. Es System of a Down en su más pura esencia.

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