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Las sillas son para la escuela

La música en directo (al menos cómo yo la conozco) ha demostrado tener agallas siempre, luchando contra infinitos tipos de prohibiciones, requerimientos y exigencias. Se ha visto en la complicada tesitura de tener que dar explicaciones cuando se la mira con lupa, y en la poco agradable situación de tener que mendigar ayudas cuando hace un favor a la sociedad y no un daño.

Si esto siempre ha estado implícito en su día a día, imaginaos la papeleta en este año y medio de restricciones por excelencia. Aunque muchas y muchos piensen que la música en directo lleva callada desde marzo de 2020, la realidad es otra. Promotores y agencias valientes comenzaron a mover a grupos hace meses. Contra todo y contra todos. Sin hacer ruido y pasando por el aro. Un aro que es cierto que se ha dilatado con la fuerza de los que al pasar lo ensanchan, pero que aún no deja de apretar.

En un momento en el que las salas de música comienzan a respirar, los grupos empiezan a presentar esos trabajos que llevan meses esperando a sonar encima de un escenario, y el público en general comienza a perder el miedo, es momento de facilitar y no de complicar. El sector musical (y todo lo que este conlleva) ya ha pagado su dura penitencia, y es hora de levantar el pulgar y dejar que el gladiador moribundo se ponga en pie y vuelva a casa.

El problema aquí es que, el César de turno parece tener poca piedad y sigue dejando al sector respirar, pero para que siga agonizando. Si somos el país con mayor indice de vacunación, ¿por qué nuestras salas tienen más restricciones que sus hermanas europeas?. Si hay macro discotecas donde la distancia social y las restricciones brillan por su ausencia, ¿por qué en salas de aforos más pequeños hay reducción de público y malditas sillas?.

Las sillas. Las malditas sillas. Una barrera que parece simple, pero que es capaz de hacer mucho daño. Yo no he asistido a ningún concierto sentado, no porque la silla me vaya a amedrentar, sino porque no se ha dado el caso. Considero que la silla es un elemento que busca oprimir y que la mejor manera de derrotarlo es plantar el culo en todas y cada una de ellas. Hasta abarrotar el patio de butacas. Así se apoyará a lo que realmente nos importa (grupo- sala- promotor) y se demostrará una vez más que la música en directo puede con todo. Y así haremos que desaparezcan porque, además de que ya es hora, las sillas son para la escuela.

Urethane – Chasing Horizons

Tënso – Demos