Un viaje a Salamanca es siempre sinónimo de caras conocidas, de grandes amigos y amigas, de calles frías y bares ardientes, de magia, de nubes grises en la noche y elegante serenidad durante el día. Pero también es sinónimo de 13 Monos, un colectivo charro que lleva una mochila de mucho peso a sus espaldas: conseguir que no le salgan arrugas a nuestro estilo de música favorito. El hardcore sigue siendo adolescente a orillas del Tormes, y éste fin de semana se ha vuelto a demostrar.

Para nuestra llegada a esa nave oscura pero con sensacional encanto, UNAxMANOxALxCUELLO eran los encargados de estar abriendo el cartel entre el pasillo creado en el foso, grandes dosis de actitud y algún que otro revolcón por el suelo. Magnífica demostración para una banda recién salida de las faldas del colectivo salmantino. Poco después subieron al escenario los asturianos Gobierno Militar, punk rabioso y destartalado con mucha influencia ochentera. «Sal a Morir«, «Puñalada«, «A la puta mierda«, e incluso un honroso recuerdo al «Kaos» de RIP terminaron por encandilar al público que bailaba en las primeras filas. La siguiente fue otra de las bandas nacidas en la ciudad universitaria, Lökhul, que recuperaron el sabor del escenario rememorando sus tres trabajos, y en cuyo repertorio no faltaron ni «Raves«, ni «París Arde«, ni «Música de mierda«, ni un final magnífico con uno de sus temas más melódicos, «Sueño o Realidad«.

El hueco para el sonido más rudo y abrupto estaba reservado para Camino a la Perdición. Los Mostoles Hardcore Warriors dejaron su sello personal por medio de trallazos salidos de su «La Llama se Enciende«, incluyendo algún nuevo embrión, mano a mano con el vocalista de Kirk Van Houten. El final de la noche estaba cerca, las cervezas caían como losas, y Ulises Lima aparecieron como un ente salvador. No me gusta decirlo, pero da rabia pensar que son una de las bandas menos valoradas del panorama estatal, y «The River» o su emblema «Hope» estuvieron en esa nave para demostrar el potencial de los madrileños. Y sin necesidad de que varios de sus componentes bajaran al foso, La Letra Pequeña enseñaron sus credenciales a golpe de crust y emoviolence y perpetuaron la felicidad en nuestros cansados rostros para el resto de la noche. Distorsión, potencia y alguna dedicatoria al mundo del ciclismo son algunos de los escasos pero magníficos recuerdos que nos quedan.

El sábado, un paseo más largo de lo habitual (y algún que otro inesperado visitante vestido de azul que se presentó en la puerta del evento), provocó que nos perdiéramos la actuación de Rouille. Esperamos poder ver su directo pronto y pedimos disculpas por no poder dedicar unas palabras a una banda con mucho presente. Dentro, nos enteramos de que esos señores que velaban por nuestra seguridad a la entrada, habían obligado a finalizar antes de lo esperado, por lo que los horarios sufrirían alguna modificación. Magnífica manera de intentar arruinar un evento en una zona prácticamente despoblada y en la que difícilmente se moleste a los vecinos de la zona.
La resignación fue prácticamente inevitable en las caras de 1991, que repasaron su primer y brillante EP acompañando con «Meat is Murder«, el himno de The Smiths, su rabia contra la explotación animal. Desde Toledo, Sudor trajeron una vez más sus letras ácidas y sus ritmos punk frenéticos. Ésta vez no se pudo negar que «quienes jodieron los conciertos» si fueron policía y ayuntamiento. Se guardaron la bala de «Chicos del Régimen» para desatar la locura entre el respetable al final de su repertorio.

Mucho tiempo llevaba queriendo ver encima de las tablas a Derrota, una de las bandas más veteranas del panorama underground nacional. Y los valencianos no defraudaron. «Mi Vida Es Un Cuchillo«, «Saturnales«, «Lluvia Para Siempre» o su genial «Agujero Negro» fueron algunas de las ráfagas que tiñeron de color oscuro las paredes del recinto. Quedaba poco tiempo y parecía correr en contra de las bandas, pero en un gesto muy amable y digno de mención, todas ellas recortaron sus actuaciones, por lo que Minority Of One y Nashgul también tu vieron su hueco. Los jerezanos, demostrando una vez más su estado de forma, su simpatía y su máxima entrega, se metieron a los asistentes en el bolsillo. Los coruñeses, firmes en su propuesta grindcore, desplegaron sus alas negras y magnificaron su leyenda con un concierto corto pero muy intenso. Andaluces y gallegos merecieron más tiempo, pero no podrán negar que el público de la capital helmántica supo arropar la tristeza que supone venir desde emplazamientos tan distantes para ver cómo las fuerzas de seguridad estropean tu buen hacer.

Sobraría subrayar, pero quiero hacerlo, el buen rollo general que ha reinado los dos días de conciertos, la enriquecedora sensación que supone ver a gentes venidas de todas partes del país (e incluso de otros países), el trabajo desinteresado del colectivo, las distris que se acercaron, las bandas… Toda esa gente es la protagonista de que lo hayamos pasado tan bien, y desde aquí quiero mostrarles mi eterna gratitud.

Sin apenas lapso temporal para recuperarnos de los moratones externos e internos que nos hemos traído de Salamanca, empezamos a contar los días que faltan para nuestra próxima visita. Desconozco si será con motivo de la Revuelta Primate III, pero desde éste reciente fin de semana, no puedo concebir esa ciudad sin pensar en un pequeño grupo de monos y monas que nos han robado el corazón durante un puñado de horas.
Fotografías: Tres Acordes Rock Show


